El sistema milpa es una asociación entre cultivos que fueron domesticados por nuestros ancestros. Este sistema se originó hace más de 2,500 años, y se siembra principalmente maíz, frijol y calabaza. También se pueden sembrar plantas aromáticas, chile e incluso árboles frutales. Cada planta tiene un rol diferente, y colaboran entre sí para proveerse nutrientes y protegerse contra plagas y enfermedades.
El frijol es una leguminosa que tiene bacterias en sus raíces, estas son capaces de fijar el nitrógeno del aire y convertirlo en nitrógeno orgánico que pueden utilizar otras plantas. Básicamente, torna el suelo más fértil con la ayuda de bacterias.
El maíz tiene la función de proveer soporte para el frijol, ya que este debe enredarse en alguna estructura vertical para tener un buen crecimiento. Además, es el principal sustento de miles de familias en Guatemala, tenemos decenas de variedades diferentes de maíz con resistencia a sequías y plagas.
La calabaza es una planta rastrera con grandes hojas que cubren el suelo y generan sombra, esto evita que crezcan malezas que le quitan nutrientes a las demás plantas. Además, evitan que la luz del sol llegue al suelo, mantienen la humedad y reducen el uso del agua en el cultivo.
Las plantas aromáticas de la milpa ayudan a repeler insectos y otras plagas que puedan afectar a las demás plantas en la milpa, y el chile puede utilizarse para preparar extractos que actúan como pesticidas naturales.
Pero el sistema milpa es más que un agroecosistema, representa conocimiento milenario que ha sobrevivido el paso del tiempo. Es un sistema con importancia cultural e histórica, incluso se llevan a cabo prácticas y celebraciones alrededor de la milpa.
Aún más importante, la milpa representa la verdadera soberanía alimentaria y la agricultura sostenible. Es una alternativa a los monocultivos y la agricultura de extensión que depende de químicos tóxicos que nos hacen daño a nosotros mismos y al planeta.
“Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento”
-Hipócrates
Referencias
Morley, S. 1985. La Civilización Maya. Editorial Fondo de Cultura Económica, México. 527pp.
¿Te gustaría saber cómo mantener tu cultivo libre de plagas sin utilizar pesticidas químicos?
¿Has notado pequeños insectos en las hojas de tus plantas y no sabes qué hacer? Las plagas en las plantas son un problema muy común, especialmente cuando estamos empezando a cuidar un jardín, un huerto o incluso unas pocas macetas en casa. Pulgones, mosca blanca, cochinillas, trips y otros insectos pueden aparecer rápidamente y afectar el crecimiento y la apariencia de nuestras plantas.
La cochinilla algodonosa es una de las plagas más comunes en las orquídeas. Se reconoce fácilmente porque parece un pequeño algodón blanco que se esconde en las hojas, tallos y raíces. Este insecto chupa la savia de la planta, debilitándose poco a poco. Si no se controla a tiempo, la orquídea puede dejar de florecer, ponerse amarilla o incluso morir. Esta plaga aparece con más frecuencia en ambientes cálidos, con poca ventilación o cuando la planta está estresada.
Cuando tus plantas necesitan nutrientes, ¿qué opción eliges? Cuidar una planta no es solamente regarla y darle suficiente luz. El suelo también necesita mantenerse bien nutrido para que las plantas puedan desarrollarse adecuadamente. Por eso, vale la pena conocer las diferentes alternativas que tenemos para aportar nutrientes. Los abonos naturales provienen de materiales orgánicos, como compost o lombricompost, minerales de origen natural, lignosulfonatos, ácidos húmicos y fúlvicos, entre otros. Mientras que los fertilizantes químicos, contienen nutrientes de origen sintético preparados para que las plantas puedan utilizarlos.

